Hay etapas en las que uno se pierde un poco.
En las que la fotografía deja de ser refugio y pasa a ser pregunta.
Llevo tiempo ahí. Dudando, soltando equipo, buscando sin tener muy claro el qué.
Pero la mirada… esa no se va.
Sigo saliendo, sigo observando.
Ahora con el móvil, casi en silencio, sin presión.
Como al principio.
La calle me sigue hablando.
Y aunque a veces no sepa bien qué hacer con todo esto, sé que no es un final.
Es solo una pausa con latido.
Porque hay algo que sigue empujando.
Y eso… no lo voy a soltar.












Deja una respuesta