La T

Hay lugares especiales, y en A Coruña hay uno que me encanta: un pequeño microcosmos habitado por seres diferentes, unos humanos y otros animales; unos de paso y otros más permanentes.


El lugar del que hablo es la T. Así la conocen los pescadores de caña, por la forma que tiene este espacio situado en la Dársena de A Coruña. No es un lugar por el que se pasa, sino un lugar al que se va. Los pescadores acuden porque allí se pesca bien. Y es verdad: hay días en los que basta con meter la caña para que salten las lubinas o las xardas.


Allí están los pescadores, hombres y mujeres de mar en tierra, de todas las edades, procedencias y condiciones. Todos iguales, todos juntos y, al mismo tiempo, aislados. Tienen el carácter del mar: son de pocas palabras, solo las justas. Concentrados en su tarea, esperan en silencio, atentos a lo que pueda suceder al otro lado de la línea.


A ellos se unen los paseantes, los curiosos y los turistas. Se acercan, pero mantienen las distancias para no molestar. Miran, alargan el cuello, intentan descifrar qué está pasando y, sin embargo, se sienten ajenos a ese pequeño mundo que parece tener sus propias reglas.


También están las gaviotas, residentes perennes del lugar. Toman el sol, esperan, observan y, sobre todo, están pendientes de cualquier oportunidad para llevarse algo al pico y de vez en cuando aparece también algún perro, paciente y resignado, esperando a que su dueño o dueña decida que ya es suficiente y que ha llegado la hora de volver a casa.


La T tiene algo de frontera. Es tierra firme, pero todo allí está determinado por el mar: el paisaje, el viento, los silencios, las esperas y hasta la manera de estar de quienes la habitan durante unas horas.

A Coruña es una ciudad que respira y vive el mar. Y quizá en lugares como este, pequeños y cotidianos, es donde mejor se entiende esa relación. Porque la T no es solo un lugar donde se pesca. Es un pequeño escenario de la ciudad, un punto de encuentro de personas, animales, curiosos y habitantes del mar. Un lugar al que se va, aunque no haya nada más que hacer que esperar.

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